La experiencia de rodar I

Es una experiencia singular. Tomar tu bicicleta y simplemente agarrar camino. Ya sea en las calles de la ciudad o en las rutas en el bosque.

Aunque en uno sea el trino de los pájaros lo que te acompaña y en el otro el claxon de algún auto-condenado, auto por estar en el auto y auto por sé el mismo quien se sentencia.
Aunque en uno son los vados y subidas de la misma tierra, y en el otro son los baches que se abren en protesta a apisonar a la misma tierra.

Aun así, es grato y vivificante dar el “buen día” al “loco” que igual que yo, deja a un lado la comodidad y calor de una cama, que la trabajador que no tiene de otra que salir cada día a aventurarse en el caos urbano para ir a trabajar. Si tan solo ellos que van encerrados en esas jaulas que llamamos autos supieran de la libertad que tienen a tan solo unos pedaleos de su cara comodidad.

Ayer salí de casa… temprano y sin prisa, sabiendo que si tomara el auto, llegaría probablemente unos 5 minutos más tarde que en la bici…

Tomo mi camino de siempre, cruzo el periférico por el único puente que conozco que le da lugar a nuestras amadas bicis, subo con cadencia y mientras voy en la parte alta, veo las filas de tráfico que parecen no acabar y ese ronroneo de hueva de los autos que no saben ir a baja velocidad… menos aun sus ocupantes…

Llego a las calles tranquilas de la colonia del sur, por las que veo a la gente que camina, que plática y barre sus banquetas, tan ajenas al estrés y los corajes de la gente que pelea por su lugar en la fila del tránsito matinal.
Cruzo un puente más, ¿Dónde cabe tanto carro? No se acaban, yo mientras sigo mi camino, atravesando el aire frío de la mañana y escuchando un valiente pajarillo que se resiste a sucumbir en la ciudad.

Subo por mi camino panorámico, en donde me forzo a esa subida, corta y pronunciada, para luego bajar a mi trabajo por la avenida junto al tren, sonriendo feliz para mis adentros mientras decenas de automovilistas aun esperan su turno para avanzar.

Que rico es rodar!!!

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