El cazo de experiencias…

Ahora no ruedo, y durante unas semanas, así será… Pero dicha la del humano, tenemos los recuerdos y la memoria. Tenemos la llave al pasado y al futuro y eso me permite ver de nuevo mis rodadas, las solitarias; ganándole al sol su salida y sintiendo el fresco amanecer. Las que quizás se planearon con amigos que por una u otra no alcanzaron a llegar, o las cotidianas por la ciudad, de casa al trabajo, del trabajo al pendiente, de un lado a otro de la ciudad, conociéndola o más bien reconociéndola. Recuerdo esa tarde, que había ido a mi café por un tinto, jeje. Y tomando mi ruta de regreso a casa, me alcanzo un chubasco no anunciado (si, también el meteorológico se equivoca a veces…) Colocándome mi “vistoso” impermeable y saboreando unas cuantas gotas en el rostro. Creo que tardé mas en ponerme el poncho que en que se quitara la lluvia. Pero todas esas rodadas van dejando algo, van regalando algo de la propia ciudad a cada uno. Como conocer sus calles por la noche, cuando la ciudad da más de sí, cuando descansa del bullicio cotidiano, es un gusto poder surcar por las calles y avenidas. Con el pensamiento calmo al igual que la misma ciudad. Es como estar recopilando el día y recuperándonos a la par, mi ciudad y yo de todo lo vivido, lo bueno y lo malo, todo se mete en el mismo cazo, se mezcla y deja de ser eso… bueno o malo, pasa a ser una jornada más vivida, aprendizaje puro, a solas, con los seres queridos, con desconocidos, ahora vamos a casa… que más? aquí, rodando sobre un testigo que me sigue, me lleva y le llevo … a rodar un poco más.

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