Ahí sentí a mi alma moverse y traspasar mis poros, hincharse como campo de fuerza de ciencia ficción, retraerse y sustraerse por cada recoveco de mi ser. Ese sentimiento de mariposas en el estómago, de sonreír por el simple hecho de estar vivo y presente en esa plaza, en ese momento. Ahí descubro a mi alma reír y vibrar, es esa sensación indefinible de amplitud, de serenidad y empatía con el entorno, sea un árbol, una banqueta, un chiquillo que corre por ahí o un anciano que cruza la calle. Almas rodantes…
Ahí sentí a mi alma moverse y traspasar mis poros, hincharse como campo de fuerza de ciencia ficción, retraerse y sustraerse por cada recoveco de mi ser. Ese sentimiento de mariposas en el estómago, de sonreír por el simple hecho de estar vivo y presente en esa plaza, en ese momento. Ahí descubro a mi alma reír y vibrar, es esa sensación indefinible de amplitud, de serenidad y empatía con el entorno, sea un árbol, una banqueta, un chiquillo que corre por ahí o un anciano que cruza la calle. 


