Rumbo a T1 una mañana…

Rodando se conoce a la gente…
Este ultimo sábado, el buen Fer tuvo que cancelar su rodada por motivos de salud, yo apunto estuve de hacerlo pero por la flojera mañanera y el frío que precede a los inviernos tapatíos (ya en invierno no hace tanto…). Pero en fin, logre superarme a mi mismo y estaba en postes puntual. Preparando a mi brioso metálico rodante me encontré con dos conocidos, el Z y el Javier… decidí unirme a su recorrido a Torre 1.

El frío fue desapareciendo a cada giro de las palancas, al igual que la neblina subía como arañando las laderas de los cerros, hasta dispersarse en un blanco suspiro del cielo. Así fuimos trepando la siempre demandante subida a Torre 1, con los comentarios usuales del “me están tronando”, “no te hagas”, “pura pantalla”, “que vista!”, y los “buenos días”, “animo!” a los colegas que íbamos alcanzando, todos al mismo destino.

Un poco antes de la llegada a Torre 1 tomamos un “break” para realizar un recorrido mágico, unos valles que desafían al progreso y el avance de la ciudad, rincones de árboles que sobríamente velan las alturas del bosque, y dan cobijo a venados, halcones, ardillas y pájaros de múltiples colores… que regalo! Gracias amigos por compartirlo!

Y luego a la Torre 1, los tres amigos aspirando el suave viento frío que nos animaba bajar, y lo hicimos, por pinitos, el espinazo, que ahora si se rompió!, así que lo pasamos pie a tierra. Luego, la bajada adrenalítica para llegar a Mariano Otero y de ahí de regreso al trajín, en el que ahora estoy, con mi alma conectada a ese valle, siguiendo a esos venados que se esconden entre los árboles, disfrutando de su bosque y siguiendo con mi mirada a ese halcón, que me recuerda que la vida es más de lo que simplemente se ve desde aquí!

y como dirian los ticos… Pura vida!

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