Tierra de osos sin osos

Tierra de osos

Excelente nombre para una ruta. Aún tengo la tarea de descubrir el origen de dicho nombre. No dudaría que hace muchas lunas por aquí se descolgara alguno de ellos para atrapar a algún distraído roedor o mordisquear alguna tuna jugosa.

El escenario es majestuoso, aún con la huella de la carretera que cruza cerca, la magia de este desierto oculta hasta el último momento la presencia humana, no ves la cinta asfáltica hasta que estás a unos metros. O si pones atención, puedes escuchar de repente el ronroneo de algún camión que va pasando, hasta parece que el sonido es succionado por lo majestuoso del paraje árido. En su mayoría, sólo las brechas que valientes surcan la tierra. Y los aventureros que hoy rodamos estos prados semi-áridos, alfombrados de piedras que parecen rodar solas.

El marco no podría ser mejor, un sol que se va acercando al horizonte. Unas coquetas nubes vienen de quién sabe dónde y empiezan a enroscarse en ese sol que ya va directo a su lecho de descanso. Se sonroja, quizás por esos juegos coquetos de las nubes que no le dejan irse sin que les dé a ellas sus últimos rayos.

 

Pero no, el Sol se brinda a todos los que merodeamos por aquí, Sol hay para todos; blancos, negros, amarillos, ocres, rosados, pistaches… hombres, insectos, aves, plantas, piedras, nubes, humos y polvos. Entre dos jirones de nubes surgen varios destellos solares que nos bañan con el último esfuerzo del día y nos acompaña en la subida del “snicker”… en donde la vereda casi invisible de tierra apisonada se convierte en simplemente una alfombra de piedras y rocas que nos hacen trastabillar sobre nuestras alumínicas, los más fuertes, con algo de suerte, la sortean y brincan la cima falsa para seguir por la loma y llegar a la siguiente empinada que a más de uno lo hace poner pie en tierra.

 

Concentrado, voy viendo las piedras, amarrado a los pedales, mientras vamos bajando por el lomo de un par de colinas, hasta que me alcanza el “beto”, y lo dejo pasar… yo sin prisa y con mucho cuidado, aún ofreciendo mis respetos a estas veredas pedregosas… Vienen unos escalones hacia abajo, aún veo al “beto” que de repente trastabilla y se va de bruces, de lado hasta aterrizar de lado con la pared de piedra a su derecha…

Llego a su lado y pronuncio las palabras de ley:

 

¿Estás bien? – Tranquilo – ¿Te duele algo? – Tu no esfuerces, yo levanto la bici – Despacio

Mientras, el va haciendo su inventario personal. Un poco aturdido pero ya se va levantando. Todo bienafortunadamente, como él mismo lo dijo, su casco ya desquito la inversión. Fue quien recibió y amortiguó el golpe. Quiso dar un cabezazo a la la montaña, creo. Ya van acercándose algunos que nos esperaban un poco más adelante y los que venían atrás… ya va bromeando “beto”, lo que es buena señal de que no pasó a mayores…

 

Momento de seguirle, todavía nos falta un poco para terminar la ruta y regresar a la urbe potosina, y aunque no vimos ningún oso, ya recolectamos un par de anécdotas más…

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