Rodar como un medio de “civilizar” la ciudad.

Estoy convencido de que uno recibe lo que está dispuesto a dar.

Me parece que la ciudad en que vivo, y en muchas de ellas a lo ancho del planeta, pueden mejorar con unos pocos factores. Primero, no atender tanto a los políticos, para empezar. La generalidad de esas personas no quieren cambiar. Segundo, voluntad por cambiar. El deseo simplemente de pasárnosla bien, no en el libertinaje que profusamente y mañosamente evocan los medios de comunicación con el objetivo último de promover el consumo por consumir. Tercero, sonreír, ser amables con los demás, iniciando nosotros mismos… NO ESPERES AL OTRO, EMPIEZA TU. En que parte de nuestra educación se instauro ese aberrante orgullo que nos hace creernos superiores a los demás?

Ahora cómo sostengo estos tres factores?, empezando por el ultimo… no en una extensa tesis de sociología o desarrollo de aptitudes. Rodando en mi ciudad, por sus calles, avenidas, callejones y sí, de vez en cuando sobre las banquetas. Hoy lo viví, iba rodando por el lado derecho de una calle, como usualmente, y un carro me paso y de inmediato se me cerro, porque iba a bajar a alguien… lo entendí, yo también manejo, yo también soy conductor. No me vió, pero tampoco “se me hecho encima”, simplemente no estamos acostumbrados, en general, a voltear buscando ciclistas o siquiera motociclistas… las prisas nos dominan.

Así pues, no se trata de mentar madres, como lo dije, entendí al conductor, y tan sólo me limite a decirle que no había habido problema, que pude frenarme. Y que recibí a cambio? ya cuando recompuse el  camino y lo rebasé por la izquierda (recuerden, él se había detenido). Bajó el vidrio y muy apenado me pidió disculpas. Exacto, no había caso de gritar o echar en cara esto o aquello, amabilidad con amabilidad se paga, le volví a decir que no había problema que todo estaba bien. Saben que más descubro en este pequeño hecho? Que la seguridad en la calle no es de unos o de otros sino de TODOS. Somos en la ciudad una serie de poleas, de engranes que debemos movernos en sincronía. El que yo no me estampe en el parachoques de un carro, no sólo depende del conductor sino de mi mismo, como ciclista, tengo que estar atento a mi camino… y que si hubiera venido distraído y no veo el amarre del auto?

Si, lo sé, no todos tenemos la suerte de ver el frenado del auto, de tener tiempo de rectificar el rumbo, etcétera y etcétera… pero vuelvo al tercer factor… empieza por uno el cambio. Creen que la ciudad está a gusto con que a diario esperemos el más mínimo vuelo de mosca para sacar el veneno y tratar de agriar el día a todos los demás? Ciclista o no, seamos amables, sonreír es la llave al espíritu. Lo hemos olvidado, pero esa puerta no está atrancada, solo un poco empolvada. Es momento y oportunidad para abrirla… y que mejor que si tienes bicicleta, te apoyes en ella y aproveches el camino, la calle, el cerro para conocerte a ti mismo, tus fortalezas y tus flaquezas… y mientras lo haces, reaprendas a sonreír, a saludar al que cruza tu camino, no estamos en este mundo para estar solos, uno que otro ermitaño quizás, pero dudo mucho que los que vivamos en la ciudad por ahora pretendamos vivir en silencio, así que prueba hoy… saluda a una persona más de la que estas acostumbrado a saludar… y si lo haces rodando, checa bien, a lo mejor soy yo!  De los otros factores, luego hablamos… Hasta la próxima!

Ro

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