Mezcala

Un pueblo jalisciense con raíces mucho más profundas que el estado mismo. Ya estaba aquí antes que los españoles supieran navegar, y sus primeros habitantes seguramente competían con osos y leones gigantes, se nutrían con mastodontes y mamuts y compartían un hermoso lago, que quizás se extendía mucho más allá de sus fronteras actuales. Y hace unos días tuve oportunidad de conocerlo, de rodar de por la ribera del lago de Chapala y presentarme por mi mismo ante este pequeño pueblo, antes pesquero y con hoy se debate en encontrar su vocación nuevamente.

Espero que la encuentre pronto porque es un sitio que transpira misticismo y herencia. Tiene fuerza dormida y una belleza que se esconde en el olvido de su misma gente y la envidia de sus vecinos.

Llegar  y volver, es una aventura que me hizo viajar en el tiempo, había un silencio que se dejaba escuchar. Humildad que invitaba al asombro. Y en donde el mismo lago parecía cobrar mayor fuerza.

Parajes que invitan a volver. El susurro del agua, el cruzar del viento y el murmullo de mi bicicleta a través de veredas, caminos y carretera.

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