Lo mismo pero diferente

Así se vive el rodar en la montaña. Nunca verás una ruta similar a la que rodaste la semana pasada, aunque ruedes por los mismos senderos. Sé que ya lo he dicho en otras ocasiones, pero no me preocupa repetirlo… si, le atinaste, porque en esta ocasión, también es diferente a otras veces que lo he dicho… jajaja!

Hace un par de semanas nos invitaron a rodar rumbo al divisadero, a la cruz, al mirador de la cruz. Es un punto clave de la ruta de la Perrona de Atemajac de Brizuela. Pero ahora era llegarle desde el extremo este del valle de las Piedrotas.


Era arrancar tempranito, rumbo a Ferrería de Tula, una subidita nada despreciable, pero entre árboles, y con la terracería bastante “barrida”, lo que agradeceríamos mucho de regreso, cuando ya el sol estaría en su cenit y vendríamos de “bajadita”…

Pero primero, era subir, rodar en un falso plano y bajar a Ferrería de Tula, bordeando su presa que siempre expande el espíritu con su humilde tranquilidad, para de ahí tomar el sendero que nos llevó a Juanacatlán, pero sin entrar al pueblo, simplemente tomar el camino junto a las vetas de piedra laja rumbo al rancho de San Francisco.

 

 

Ahí si, una súbida muy demandante, no tanto por la pendiente sino más por el terreno de un suelo “cacarizo”, que no nos dejo agarrar cadencia. Pero dentro de su demanda, incluía regalos como pocos podemos encontrar en otros deportes… aquí les dejo la toma, esperando a que pasáramos, sabiendo que en el cansancio de la subida voltearía a mi izquierda y lo vería… majestuoso en su humildad, increpando a la sequía, demostrando que el esfuerzo da su fruto…

 

Ya al coronar en la piedra balanceada, vino el descanso de bajar hacia San Francisco y su hermoso valle que ese día lamentablemente estaba cubierto por la nata de humo y tizne de un incendio algo retirado pero que con el viento predominante, me invitó a no quitarme el buff para tratar de respirar lo menos posible esa contaminación.

En fin, alcanzamos el divisadero, pero por lo mismo del humo, no había porque quedarse mucho ahí así que como coloquialmente decimos… “por donde vino!”, así era la ruta lo que hicimos, había que deshacerlo. Y lo bajado, había que subir, y lo mejor fue que lo subido, había que bajar. Y en esta ocasión los últimos kilómetros fueron como ya les había dicho, de bajada y entre árboles.

Que chido es rodar, y más rodar rodeado del bosque, y aún con el polvo y la arena como talco del estiaje, y más aún, que grato es rodar con tantos amigos, con muchos colegas que seguimos buscando sin el afán de encontrar, simplemente disfrutando el camino, paladeando la búsqueda. Compartiendo la vida con otros tantos que nos comparten la suya, sean los grandes amigos de hace años, los nuevos conocidos de los que no sabemos el nombre. Los que vinieron de Tala, de Mazamitla, de Chapala!

Los que una vez más hicimos de un domingo, un día para no olvidar!

Ah sí, y menos con la comida que nos esperaba al final…

Birria al estilo Tapalpa, con frijoles y arroz, en tacos, oh, si señor!

a rodar!

Ro

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